Camilo y Che (I)

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Por: William Gálvez

La Jiribilla

El tiempo es indetenible, y a pesar de que siempre pensamos que los años son interminables, estos van pasando y, por lo general, sin darnos cuenta de cómo transcurren los cumpleaños y, a veces, sin darle importancia. Pero a los aniversarios patrióticos e internacionales sí les damos importancia. Los hechos victoriosos, los gloriosos reveses, la desaparición física de un grande de nuestras luchas épicas, científicas, literarias, artísticas u otro acontecimiento relevante, forman parte de nuestra historia patria. Los celebramos —según el tipo— con mucha alegría, o con gran solemnidad, sobre todo si de una forma u otra tuvimos el honor de participar o conocer aquello que recordamos. Y lo vamos repitiendo cada año. Pero resulta emocionante poder disfrutar con vida muchos de esos aniversarios, como es mi caso, que disfruto del aniversario 55 de la Invasión Rebelde.

En agosto celebramos ese aniversario de la partida de la Sierra Maestra de dos Columnas del Ejército Rebelde, con la misión de llevar a cabo la invasión al centro y al occidente del país, lo que sería el inicio de la ofensiva revolucionaria, pues otras columnas con igual misión bajaron a combatir al enemigo en otros escenarios. También celebramos en agosto el aniversario de una grandiosa proeza, sin la cual no hubiese sido posible el plan invasor: la derrota de la mayor ofensiva enemiga contra el principal frente de combate en la Sierra Maestra, bajo la dirección de nuestro eterno y genial Comandante en Jefe Fidel Castro. Se identificó como el Plan FF, que unos traducen en Fase Final o Fin de Fidel, pero hay quien ha dicho que se aviene mejor a Fin de Fulgencio (nombre del tirano Batista), y el tiempo demostró que así fue.

“El Ejército Rebelde, después de 74 días de incesante batallar en el Frente 1 de la Sierra Maestra, rechazó y destruyó virtualmente a la flor y nata de las fuerzas de la tiranía, ocasionándole uno de los mayores desastres que pueda haber sufrido un ejército moderno, adiestrado y equipado con todos los recursos bélicos, frente a fuerzas militares no profesionales circunscritas a un territorio rodeado de tropas enemigas, sin aviación, sin artillería y sin vías regulares de abastecimiento de armas, parque y víveres”. (Informe del Comandante en Jefe acerca de la ofensiva final de la tiranía).

Derrotada la ofensiva enemiga, el Comandante en Jefe está convencido de la necesidad de ampliar la guerra más allá de Oriente. Está claro para él, que la guerra que se circunscribe a una sola región se estanca y a la larga es aniquilada, salvo que hubiese conquistado el territorio que le interesaba. Por lo tanto, todo jefe militar tiene que ir ampliando el terreno de operaciones. Desde los más remotos conflictos armados, este es un principio clásico. Muchos tuvieron éxito, otros no; pero siempre es valedero, más cuando el poder político, económico y militar contra el que se lucha está en otra región, y no en la que se libran los combates.

En nuestra historia bélica por la independencia del colonialismo español —cuando se consideró necesario— se intentó la invasión en más de una ocasión en la década —gloriosa pero infructuosa— de 1868 a 1878, que no pudo ir más allá de la provincia de Las Villas, en 1875, dirigida por el genial Máximo Gómez. La incomprensión y el regionalismo se interpusieron y aquel empeño se malogró. No sería hasta 1895, que tan necesaria empresa culminara exitosamente para el Ejército Libertador, extendiendo la Guerra Necesaria hasta lo más occidental de Cuba, ahora al mando del glorioso Antonio Maceo.

El éxito militar revolucionario en la Sierra Maestra ofrecía una oportunidad única para poner en práctica el plan invasor, parte de la estrategia de Fidel para vencer a las fuerzas armadas del tirano, y crear las columnas que realizarían la invasión rebelde. En Oriente, las operaciones del Ejército Rebelde eran exitosas e invulnerables. Además del centro y vanguardia heroica en el I Frente José Martí, existían el II y III Frentes, Frank País y Mario Muñoz al mando de los comandantes Raúl Castro y Juan Almeida, respectivamente.

En el centro del país, existían destacamentos guerrilleros, del MR-26-7, Directorio Revolucionario 13 de Marzo, Partido Socialista Popular y Segundo Frente Nacional, de igual forma se iniciaba la lucha armada en Pinar del Río. Sin embargo, aún no estaban consolidados. La lucha clandestina se había recuperado y se fortalecía en todas las ciudades de la Isla, después del descalabro de la Huelga de Abril. Para todos ellos, el plan invasor fue de gran estímulo y acicate para llevar a cabo el triunfo definitivo.

No son pocos los que, al conocer la magnitud de aquel empeño, pensaron que las tropas que debían trasladarse hasta el extremo central y occidental de la Isla, acosadas por las superiores fuerzas del enemigo, serían gradualmente aniquiladas durante los combates que se verían obligados a librar. Nunca faltan escépticos. Pero el gran visionario que siempre ha sido Fidel no lo creía así. No es posible imaginar que ordenara una misión sin tener posibilidades de éxito. Esta vez no ha de ser una excepción. No obstante, para realizar el audaz proyecto era imprescindible seleccionar jefes de gran temple, inteligencia y poseedores de una sólida moral, fortalecida por la convicción de entregarse por entero a la causa revolucionaria.

La guerra, en su impetuoso desarrollo, había permitido que muchos compañeros se destacaran y pusieran de manifiesto sus dotes para el mando. Che y Camilo están entre los primeros y fue a ellos a quienes Fidel designó para cumplir esa misión. La orden del Comandante en Jefe no resultaba imposible de cumplirse; pero era en extremo riesgosa y difícil, debido al largo recorrido que debían hacer las tropas invasoras por un territorio desconocido, y llano en su mayor extensión. Tampoco se pueden descontar los enormes recursos que el enemigo concentraría contra las columnas que marcharían por dicho territorio en cuanto detectaran su presencia. Pero Fidel estaba seguro de que el plan se llevaría a cabo, por tal razón expresó:

“Las columnas rebeldes avanzarán en todas direcciones hacia el resto del territorio nacional sin que nada ni nadie la pueda detener… El Pueblo de Cuba debe prepararse a auxiliar a nuestros combatientes. Cualquier pueblo o zona de Cuba puede convertirse en los próximos mese en campo de batalla”. (Doc. Cit.).

“El aniversario 55 de la Invasión Rebelde”, recoge desde la fecha de salida de las columnas, hasta el arribo a la antigua provincia villaclareña. Las campañas militares de los dos destacamentos guerrilleros en ese territorio no se incluyen, lo haremos más adelante con la misma estructura, incorporando las acciones de las otras organizaciones que allí combatieron.

Tomado de Rebelión

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