Calibán, sí puede

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 Por Norelys Morales

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En la oratoria directa del presidente cubano Raúl Castro Ruz, quizás en un primer momento no era perceptible la trascendencia de los temas que abordó en unos 23 minutos, al dejar inaugurada la VII Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe, en La Habana, el 4 de junio de este 2016.

Sin embargo, cuando iban interviniendo los 22 jefes de delegaciones pertenecientes a los estados rodeados o bañados por el mar Caribe, quedaba explícito que el temario: “Unidos para enfrentar los retos del desarrollo sostenible, el cambio climático y la paz en el Caribe”, rebasaba con mucho, los meros discursos.

En inglés, francés o español, los dignatarios mostraban ciertos avances en determinados tópicos, pero es obvio el apremio requerido para otros, que solo un ejercicio responsable y acertado de la política puede acelerar.

¿Acaso algún país de esta región puede dejar para después o enfrentarse solo a los colosales desafíos del futuro acercándose vertiginosamente? O, ¿acaso sin la paz y la unidad habrá garantía de sobrevivencia para la especie humana, en este caso en el Caribe?

Si pensamos, por ejemplo, en el aumento del nivel del mar, las temperaturas, los huracanes, las especies en extinción por protegerse, tanto en el mar como en las tierras… el futuro podría ser catastrófico para las futuras generaciones. Corresponde a estas de hoy legarles un entorno privilegiado por la naturaleza, pero que pudiera quebrantarse hasta quedar irreconocible.

El marketing turístico hace pensar a muchos en el Caribe como el paraíso terrenal, pero la vida real es otra cosa.

Raúl Castro, con mesura, no dejó de mencionar la gravedad de los asuntos y la necesidad de la paz y la unidad, algo que se infiere, deben ser elevados a categorías políticas de trascendencia y honestidad. Asimismo, el avance de la derecha no es un rejuego para tratar con desatención.

“No podemos permanecer indiferentes – dijo el Presidente cubano- ante las turbulencias que tienen lugar en América Latina y el Caribe, como consecuencia de la contraofensiva imperialista y oligárquica contra los gobiernos populares y progresistas surgidos tras el fracaso de la ola neoliberal, lo que constituye una amenaza a la paz, la estabilidad, la unidad y la imprescindible integración regional.

La situación requiere fortalecer la consulta y la concertación, en aplicación de los postulados de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los Jefes de Estado y de Gobierno en la Segunda Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada en La Habana en enero de 2014. Habrá también que demandar de otros el respeto a esos principios en sus relaciones con nuestros países.

Los compromisos de los Estados de la región de no intervenir, directa o indirectamente, en los asuntos internos de cualquier otro Estado y observar los principios de soberanía nacional, la igualdad de derechos y la libre determinación de los pueblos de fomentar las relaciones de amistad y de cooperación entre sí y con otras naciones, de practicar la tolerancia y convivir en paz, así como respetar plenamente el derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, constituyen condiciones insoslayables para la paz, la concordia, el desarrollo y la integración de nuestros países.”

Si hubiera sido el presidente Raúl Castro el único en abordar desde las anteriores perspectivas las realidades, que tocan a cada país de la región, quizás, la VII Cumbre de Estados del Caribe, habría tomado otro rumbo, pero desde sus identidades, los altos dignatarios caribeños enrumbaron el consenso.

Al concluir el cónclave, Alfonso Múnera Cavadía, Secretario General de la Asociación de Estados del Caribe, hizo una precisión de gran valor, al señalar que la política traspasa todos los temas debatidos y los acuerdos suscritos.

Para los caribeños, urge retomar y rescatar el símbolo de Calibán enfrentado a la Tempestad, no el de la visión shakesperiana, sino el de la interpretación, tanto del cubano Roberto Fernández Retamar, como de Aimé Césaire, de Martinica, en su obra Une Tempête (Una tempestad).

Calibán es el portavoz de los pueblos colonizados que se rebelan ante sus colonizadores. Es el símbolo nuestro de las clases sociales oprimidas por el capitalismo, que definitivamente, por el apego a la sobrevivencia, acaso está en condiciones de imaginar el fin del capitalismo neoliberal primero, que el fin del mundo.

Calibán, sí puede.

Tomado de Cubahora

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