Bloqueo de EE.UU. a Cuba: del dicho al hecho

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cuba-bloquePor José Armando Fernández Salazar

Wimberly Allison Tong and Goo es una empresa especializada en el diseño y la arquitectura. En 2009 la entidad recibió los beneficios de un provechoso contrato con una empresa catarí para un proyecto constructivo de un hotel en Cuba.

La compañía, cuyas raíces se remontan a 1945, cuenta con prestigio en la región asiática, donde ha participado en la construcción de obras como el Emirate Palace, en Abu Dhabi, el Royal Opera House Muscat, en Omán, y el Tanjong Jara Beach Hotel and Rantau Abang Visitor Center, en Malasia y por el que recibió el Premio de Arquitectura Aga Khan.

Si bien en 2009 parecía que el contrato con la empresa catarí era un negocio redondo, en 2016 ha resultado un dolor de cabeza para los ejecutivos de la firma británica, que en su carácter de subsidiaria de la empresa norteamericana WATG Holdings Inc. ha sido multada por la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC, siglas en inglés) por violar el régimen de sanciones unilaterales contra la Isla caribeña.

Se trata de la primera multa que imponen en 2016 las autoridades estadounidenses en cumplimiento de las leyes extraterritoriales del bloqueo comercial, económico y financiero que desde 1962 forma parte de la política agresiva del gobierno norteamericano contra el pueblo cubano. Hasta la fecha han sido 47 las sanciones de este tipo aplicadas por esta práctica, las cuales representan un monto estimado en unos 14 mil 396 millones de dólares.

El hecho, sin embargo; pasó desapercibido para la mayoría de los grandes medios, los cuales, días antes, se apresuraron en anunciar con rimbombancia el anuncio de la administración Obama de nuevas flexibilizaciones en la línea dura hacia Cuba.

Las medidas, si bien constituyen un paso de avance en la normalización de relaciones entre los dos países, dejan entrever que la esencia de los objetivos del gobierno norteamericano ha cambiado en su forma, pero no el contenido. El propio secretario del Tesoro, Jacob Lew, declaró que este es un paso más cerca de reemplazar las desfasadas políticas que no estaban funcionando y pone en su lugar una política que ayuda a promover la libertad política y económica para el pueblo cubano.

Ello explica la aparente incongruencia entre la insistencia de Obama ante el Congreso o la Cumbre de las Américas por eliminar el bloqueo y la persecución a las subsidiarias que se atreven a comerciar con Cuba o el voto en contra de la administración estadounidense cuando se presenta en la Asamblea General de la ONU una resolución que pide el fin a este mecanismo extraterritorial.

Al eliminar las restricciones de viajes a Cuba de los ciudadanos norteamericanos (una política que incluso va en contra de la Constitución de ese país) o permitir inversiones en el ámbito de las telecomunicaciones, lo que aparenta ser un vaciamiento del bloqueo, en realidad se aviene con los objetivos de dominación geopolítica del vecino del Norte.

Aún cuando la eliminación del bloqueo, desde el año 1992 como consecuencia de la Ley Helms-Burton, se encuentra en manos del Congreso, el Presidente cuenta con amplias facultades para eliminar restricciones en sectores como el transporte, las finanzas, la salud, la agricultura y el comercio.

De asumir sus competencias con un enfoque que no responda únicamente a los intereses hegemónicos norteamericanos, Obama pudiera autorizar las importaciones en EE.UU. de servicios o productos cubanos, incluyendo aquellos manufacturados en terceros países que contienen materias primas cubanas como níquel o azúcar.

Igualmente, beneficiaría a ambos países con la aprobación de intercambios en el área de la salud, ya sea mediante los viajes de estadounidenses a la Isla a recibir tratamientos medicinales o la eliminación a los obstáculos que impiden el acceso cubano a materias primas e insumos para la biotecnología.

Esas facultades se extienden incluso al ámbito financiero y bancario, en el que el presidente norteamericano puede atenuar el acoso a bancos que otorgan créditos a la Isla o la autorización del uso del dólar en las transacciones internacionales de las empresas cubanas.

Dos elementos dejan en evidencia el doble discurso del gobierno norteamericano: el reclamo internacional que los lleva al aislamiento diplomático y los escollos que ha creado la aplicación del bloqueo en el proceso de normalización de relaciones entre los dos países. En más de una ocasión, las máximas autoridades cubanas han declarado que el bloqueo constituye uno de los elementos que más limita el acercamiento entre ambas naciones.

El 2016 es un año electoral en EE.UU. y aunque son otros los grandes temas en los debates de las presidenciales, los principales contendientes no han esperado para dejar claras sus posiciones, las cuales van desde la continuidad y ampliación de las medidas hacia el cese del bloqueo, hasta el retroceso a la vieja política de línea dura. A esto se suma que el Congreso, el máximo facultado para eliminar el sistema de leyes que soportan este mecanismo de presión económica y política, se encuentra en manos republicanas, abiertamente opuestas al cambio de rumbo que ha dado Obama.

Con estos aires no bastarán discursos o acciones simbólicas, durante un buen rato, en el tema del bloqueo, el gobierno norteamericano tendrá un largo trecho, del dicho al hecho.

Tomado de Cubahora

http://www.cubahora.cu/politica/bloqueo-de-ee-uu-a-cuba-del-dicho-al-hecho

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