Asesinato

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Por Jorge Wejebe Cobo

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Aldo Moro aparece muerto en una calle de Roma

Al comienzo de la guerra fría, a fines de la década del 40, se conformó en Europa Occidental la Red Gladio, una organización terrorista, fundada y dirigida por la CIA e integrada principalmente por ex colaboradores nazis y grupos de extrema derecha, cuya presunta misión era organizar la resistencia ante una eventual ocupación de ese territorio por el Ejército Soviético, con lo que encubría su verdadera misión: evitar que los Partidos Comunistas llegaran al poder en alianzas con fuerzas progresistas, fuera de la órbita norteamericana.

La táctica que empleó la Red Gladio durante más de 40 años, se inspiraba en la doctrina de la False Flag –falsa bandera– del manual FM 30-31 del ejército norteamericano, que proyectaba la realización de acciones terroristas, luego atribuidas a la izquierda y a la extrema izquierda, esta última muchas veces infiltrada por los órganos de contrainteligencia de Europa Occidental y la propia CIA, lo que facilitaba el descrédito de ese sector político.

Este método fue conocido en Europa como «la estrategia de la tensión» y perdura en nuestros días bajo la supuesta amenaza del terrorismo islámico, para obtener el apoyo de gobiernos y de la opinión pública a favor de la guerra por la posesión de los recursos energéticos.

La concepción de esas operaciones terroristas no se originaron en el Viejo Continente, sino que respondían a una Directiva del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos del 18 de junio de 1948, desclasificada en 1998, que preveía la realización de acciones encubiertas, incluyendo actividades terroristas, espionaje, guerra sicológica, y otras contra los estados los grupos hostiles a los EE.UU., pero ejecutadas de forma que ningún Gobierno norteamericano apareciera implicado, y que  se aplicarían con éxito en los golpes de estado a gobiernos progresistas como los del presidente Mossadeg, en Irán, Jacobo Árbenz, en Guatemala, y Salvador Allende, en Chile, e infructuosamente, contra la Revolución cubana, durante casi 50 años.

La reiteración de esas acciones terminaron por hacer evidente la manufactura de la CIA, lo cual provocó que en octubre de 1990 el Presidente de la República Italiana, Francesco Cossiga y Giulio Andreotti, Presidente del Consejo de Ministros, interpelados por una comisión que investigaba sobre hechos terroristas, reconocieran la existencia de la Red Gladio en su país y en el resto de Europa Occidental, y argumentaran que la desaparición del campo socialista y la crisis final de la URSS hacían obsoletos los ejércitos secretos. Estas inesperadas declaraciones provocaron que se abrieran investigaciones en algunos parlamentos europeos, y estimuló confesiones de políticos y de ex jefes de servicios de seguridad europeos y de la propia CIA, que avalaban lo expresado por los mandatarios italianos.

La amenaza de Kissinger

En Italia las redes de la CIA actuaron más activamente debido a la incapacidad de los partidos tradicionales para gobernar sin la participación de los comunistas. El 16 de marzo de 1978 Aldo Moro, Presidente del Senado italiano, fue secuestrado por las ultra-izquierdistas Brigadas Rojas cuando iba camino a una sesión del Congreso en la cual se votaría una moción sobre un nuevo gobierno que incluía al Partido Comunista Italiano. Nunca llegaría a su destino, ni se cumplirían sus deseos. Cincuenta y cinco días después aparecía muerto en una calle de Roma, dentro de un pequeño auto.

La viuda del político rememoró que el entonces Secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, poco antes del secuestro, le manifestó a su esposo en un tono amenazante que los planes de colaboración con el Partido Comunista Italiano le traerían malas consecuencias, lo que afectó mucho a Moro, quien pensó en retirarse de la política. El ex coronel Oswald Winter, quien fuera durante más de diez años el segundo hombre de la CIA en Europa, reconoció que las Brigadas Rojas estaban a las órdenes de la inteligencia italiana y eran penetradas por agentes secretos de diversos servicios.

A estos testimonios se le sumaría en 1999 el de otro ex jefe del servicio de inteligencia italiano, quien responsabilizó a la Red Gladio con la bomba que en 1969 explotó en un banco de la Plaza Fontana, con un saldo de 16 personas muertas y 80 heridas. Con esa acción fue relacionada inicialmente la extrema izquierda, a la cual le adjudicaron otros hechos terroristas, como la voladura de la Estación de Trenes de Bolonia en 1980, con un resultado 89 muertos. Miembros de grupos de extrema derecha detenidos confirmarían, posteriormente, que la red Gladio era controlada por la OTAN y tenía ramificaciones por toda Europa, donde realizaron estos y otros atentados que causaron la muerte de mujeres y niños.

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Emblema de la facción italiana de Gladio. Su lema rezaba: «Silenciosamente sirvo a la libertad»

A la Red Gladio en Italia también se le relaciona con la llamada Logia P-2, una organización internacional de extrema derecha, supuestamente disuelta en 1982 por su participación en intentos de golpes de estado y escandalosos casos de corrupción política y fraude financiero, dirigida por Lucio Gelli, ex oficial de las SS alemanas, e invitado especial de los presidentes Ronald Reagan y George Bush (padre) a sus tomas de posesión. La Logia P-2 agrupó a estadistas, altos militares, jefes de órganos policíacos y hombres de negocios, no sólo de Italia sino de todo el mundo, entre los que algunas fuentes incluyen al actual Primer Ministro italiano Silvio Berlusconi.

El «Club de Berna»

También la neutral Suiza fue utilizada como centro de coordinación de las redes clandestinas de la CIA, en el cual el servicio secreto helvético jugó un papel importante. En Suiza, las redes de la CIA –nombradas P-26–, también fueron objeto de una investigación a partir de las denuncias en Italia. El Coronel del ejército suizo Herbert Alboth, ex jefe de esas redes, y uno de los principales involucrados fue encontrado muerto en su domicilio, con varias heridas en el abdomen, inflingidas con su propia bayoneta, y con extrañas marcas y símbolos en el pecho, ininteligibles para los criminalistas que calificaron el caso como el primer asesinato político de Suiza. Alboth había escrito en una carta confidencial al Ministerio de Defensa que revelaría toda la verdad sobre sus acciones. No fueron detenidos los criminales.

La Calle del Medio

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