Amada, supón mi dulce abismo

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Por Carla Muñoz

Nelia era su nombre, su pelo, negro al igual que sus ojos. Unos cuantos centímetros menos que la estatura de él, Eliseo. Dibujaban una tierna y simpática silueta dispuesta siempre a hacerse inmensa para abrazar a Rolando, al Capitán San Luis, al muchacho que con veintiséis años se despedía de ella, su amada, y también de Elicito, de Maricela y de René, sus tres pequeños hijos, para convertirse en “el mejor hombre de la guerrilla” del Che en Bolivia.

Había conocido a Nelia en diciembre de 1960. El 15 de abril del año siguiente sería la boda. Pero ese día, al amanecer, se produjeron los bombardeos por aviones tripulados por mercenarios, en Ciudad Libertad, la basa aérea de San Antonio de los Baños y el aeropuerto de Santiago de Cuba, tratando de destruir en tierra los aviones de la Fuerza Aérea Cubana.

Nelia recuerda:

“Al finalizar la ceremonia nos fuimos para Arroyo Bermejo, lugar escogido para pasar la luna de miel y al poco rato de estar allí Eliseo me dice:

“—Vamos para La Habana—. Montamos en el carro y regresamos. En el trayecto vimos en la carretera una caravana con tanques y camiones llenos de milicianos gritando consignas revolucionarias. Llegamos a la casa y Eliseo sacó un sambrán que tenía lleno de balas y se lo puso, cogió todas las armas

que encontró y se despidió con un ‘no te alarmes, vengo ahorita’.

”A los tres días vine a tener noticias de él. Se apareció y me contó que él quería ir a combatir a Playa Girón, pero no lo dejaron porque también la ciudad necesitaba ser defendida”. Cuando el 26 de febrero de 1962 nacía su primer hijo, Eliseo, “no cabía en la ropa. Le dio como mil besos a Nelia y le dijo ‘ese va a ser combatiente’. Para Nelia ese fue el momento más feliz de su vida junto a Rolando”.

El 16 de septiembre de 1963, al nacer Maricela, su única hija, la alegría de San Luis fue indescriptible, como el 21 de diciembre de 1965, cuando llegaba entonces René. A Elicito, Maricela y René a veces los llevaba a su oficina para atender el trabajo y estar cerca de sus tres hijos.

En agosto de 1966 Rolando le dice a su amada que pasaría un curso a la Unión Soviética. Pero Bolivia lo esperaba junto al Che para hacer de esa tierra una nación tan libre como donde se quedaban sus tres hijos y la tierna Nelia. El 28 de octubre se despide de ella con una carta hasta hoy desconocida, pero viva a través de la letra y la música de Silvio Rodríguez. “El dulce abismo” surgió de aquello que el cantautor pareció imaginar escrito en esa carta: una razón más para pensar que los grandes hombres, los grandes amores inspiran las grandes canciones. Este 27 de abril se cumplieron 76 años del nacimiento del Capitán San Luis y #Tenemosmemoria de que con apenas 27 años “se fue lejos, muy lejos, a trepar el dulce abismo”.

Tomado de la Editorial Capitán San Luis

 

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