Almagro, la OEA y la gatica de María Ramos

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Por Rafael Andrés Álvarez Fernández

En Cuba existe un dicho antiquísimo que reza: “Estás igual que la gatica de María Ramos, que tira la piedra y esconde la mano”. Se emplea popularmente para definir a las personas que hacen alguna acción y disimulan, o se ocultan detrás de otras para no ser descubiertas, aunque al final siempre se sabe.

Hoy en la OEA, pareciera cumplirse ese adagio con los Estados Unidos, cuando el actual Secretario General de la citada des-Organización, el señor Almagro, aparenta haber asumido como una cruzada personal, el intervencionismo y la cada vez más irrespetuosa injerencia en los asuntos internos de la hermana República Bolivariana de Venezuela.

Quienes han leído o estudiado el historial intervencionista de EE.UU. en Nuestra América -como la llamara José Martí- sabe que ninguno de sus títeres en esta región del mundo, se atreverían a realizar alguna acción sin su consentimiento o aprobación, por eso, cuando uno ve en televisión la sonrisa cínica de su siervo principal en el Ministerio de Colonias -ante la vibrante y enérgica intervención de la Canciller venezolana Delsy Rodríguez y otros representantes latinoamericanos dignos en el basurero de la OEA- solo puede concluir que los norteamericanos hacen como la consabida gatica de María Ramos, tiran la piedra y exponen a Almagro.

Claro, su marioneta siente que cumplir la misión que le han dado sus amos, es casi un mandato divino, una patente de corso para recibir un espaldarazo político en el futuro -si por alguna calamitosa decisión, pretendiera aspirar a la presidencia de su país- error que esperamos los hijos de Artigas jamás le permitan concretar, aunque quizás mañana ante la cruz de Cristo nos jure que esas no son sus intenciones o ambiciones.

Por supuesto, esto es un plan aplicado por EE.UU., en correspondencia con la Doctrina “…mirar de manera diferente hacia América Latina…”, propugnada por el expresidente Barack Obama. El propósito de esta nueva mirada es ajustar los planes dirigidos a desmontar los gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina a través de mecanismos constitucionales y legales existentes en esas naciones, que son herencias de las mal llamadas democracias representativas y de los cuales no se han podido despojar.

De esta manera, EEUU se ahorra el papel de interventor militar de otros tiempos y a su vez, se consagra como defensor a ultranza de la democracia “real”, aunque para ello tuvieran que aplicar todas las variantes contenidas en el Manual de Guerra No Convencional de Gene Sharp y pagar por el apoyo de los medios de comunicación privados, de manipuladores de las redes sociales y a zopilotes políticos de mala muerte, es decir, utilizar la hipocresía, la mentira, el soborno y la doblez política en todas sus variantes y expresión.

Como escribiera el Mayor General Jacinto Pérez Arcay, profesor y guía bolivarianísimo del Comandante Hugo Chávez, en su libro: “Hugo Chávez: Alma de la Revolución en Cristo y en Bolívar”:

“El Imperio pretende hoy –acicateado como está por la urgencia y por la inercia- penetrar y dominar en términos oblicuos la cabeza de playa continental representada por Venezuela Caribeña, en especial su ubicación nodal. Digamos con criterios históricos que Aníbal está a la puertas del país, en cuanto objetivo estratégico continental, necesita apoderarse de su petróleo y afianzarse en el dominio de la Orinoquia y Amazonia de la región”.

Nuestros pueblos deben saber que estamos ante una actualización de la teoría Goebbeliana  -base de la estrategia dominadora nazifascista alemana- de ahí su peligrosidad, por la capacidad de sembrar dudas, temores y hacernos sentir rehenes de los llamados “gobiernos antidemocráticos”.

Sin embargo, esos que hoy se rasgan las vestiduras en defensa del llamado Estado de Derecho en Venezuela, deben saber que lo primero que debe tener un ser humano, es Derechos en el Estado, algo que Chávez y el gobierno revolucionario le devolvieron a sus compatriotas, después de arrebatárselos constitucionalmente a las élites de poder corruptas y corruptoras que malgobernaron ese país y cuyos actuales herederos pretender retrotraer para su beneficio personal.

El guión que le aplican hoy a la República Bolivariana de Venezuela, no es nada nuevo, es el mismo que pusieron en marcha contra la Guatemala de Jacobo Arbenz en 1954; a Cuba en 1961; Dominicana en 1965; al Chile de Allende en 1973; la Nicaragua del Frente Sandinista en los años 80; la Granada de Maurice Bishop en 1984; a Manuel Zelaya en Honduras en 2009 y a una lista interminable de países hermanos que sufrieron las agresiones e intervenciones militares norteamericanas en contubernio, por supuesto, con los Almagros de turno.

Pero, ¿qué hizo la OEA ante las horribles dictaduras que asesinaron, torturaron, desaparecieron a miles y miles de jóvenes en la parte sur de nuestro continente? La OEA calló; ante lo sucedido en Brasil, la OEA calló y aún calla; ante lo que sucede en México, la OEA calla; ante lo que sucede en Paraguay, la OEA calla; entonces, como se dice en Derecho, su silencio lo hace cómplice.

Ahora, es muy importante que quienes hoy se pretenden convertir en paladines de la libertad ocultando la mano de quien les paga, como la gatica de María Ramos, sepan que quienes hoy son victimarios, mañana serán las víctimas, pues la voracidad del vecino del Norte no parará hasta tragar todas nuestras Repúblicas y disponer como despensa particular, de nuestras riquezas hídricas, minerales y de todo tipo, algo que solo detendremos si somos capaces de defender la independencia, la soberanía y la libertad al precio que sea necesario.

Si alguien se preguntara, ¿por qué defiendo con tanta vehemencia a Venezuela?, le respondo con las palabras del Comandante Hugo Chávez en su última alocución, el 8 de diciembre de 2012,   “La respuesta de todos y de todas los patriotas, los revolucionarios, los que sentimos a la Patria hasta en las vísceras como diría Augusto Mijares, es unidad, lucha, batalla y victoria”, y para nosotros, revolucionarios verdaderos, la Patria es aquella donde haya que luchar para lograr la verdadera y definitiva libertad de los hombres, sean quienes sean y estén donde estén.

En nosotros, no hay cabidas para las gaticas de María Ramos, solo dignidad, entereza y decoro, algo que el actual títere de la OEA no tiene ni tendrá jamás, desaparecerá tristemente, ignorado y despreciado por los pueblos y los hombres, como los traidores en todos los tiempos.

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