Actualidad de la Enmienda Platt en la doctrina imperialista

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Por Jorge Wejebe Cobo

ENMINEDA PLATT

El General Leonardo Wood ascendió a los primeros planos de la política durante la guerra hispano cubano americana de 1898 y ocupó el cargo de jefe del gobierno interventor norteamericano en la Isla, responsabilidad en la que desplegó con éxito sus habilidades para imponer a los cubanos la Enmienda Platt, como apéndice a la neorrepública concebida por Washington como mera etapa transitoria hacia su anexión total.
Cuando consideró cumplida su tarea escribió una carta confidencial al entonces presidente de su país, Theodore Roosevelt, el 28 de Octubre de 1901 en la que expuso la esencia de la estrategia imperialista contra Cuba.
“Por supuesto que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es buscar la anexión. (…) “Con el control que sin duda pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo.
La isla se americanizará gradualmente y, a su debido tiempo, contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo…”
En la misiva el funcionario estadounidense fue excepcionalmente preciso y descarnado en la descripción de la nueva república y el control sobre la Isla, pero sus predicciones resultaron del todo equivocadas al concebir que en el futuro el pueblo renunciaría a su nacionalidad para dócilmente incorporarse a la Unión.
Diez meses antes de escribir esa carta, el general Wood invitó el 15 de febrero de 1901 al puerto de Batabanó, al sur de La Habana, a cinco delegados a la Convención Constituyente encargados de proponer el carácter de las relaciones de la futura República con su gran vecino, para presionarlos con el fin de que aceptaran la propuesta yanqui durante un banquete y una pesquería.
Allí se extendió en amabilidades con los invitados, sin dejar de expresar su chantaje para que aceptaran en la Carta Magna cubana la Enmienda Platt que incluyó el derecho de intervenir, cuando EE.UU. lo considerara necesario, de ceder o vender territorios para emplazar bases navales.
También se incluía en el proyecto la cesión de la entonces Isla de Pinos a los Estados Unidos y la subordinación de la política exterior de la Isla,
entre otras condiciones inaceptables para los delegados.
Los estadounidenses incluyeron el dos de marzo de 1901 la Enmienda Platt dentro de la “Ley concediendo créditos para el Ejército en el año fiscal que termina el 30 de junio de 1902″, iniciativa que rápidamente se convertiría en legislación aprobada por el Senado y la Cámara de Representantes y contra la cual el ejecutivo de EE.UU. dijo que no era negociable.
El 12 de junio de 1901, en otra sesión secreta de la Asamblea Constituyente, fue sometida a votación la incorporación de la Enmienda Platt como apéndice a la Constitución de la República, aprobada el 21 de febrero: 16 delegados votaron que sí y 11 votaron en contra.
Entre los que se opusieron a tal engendro se encontraron Juan Gualberto Gómez y el marqués mambí Salvador Cisneros Betancourt, quien al explicar su voto dijo que Cuba “no tendrá soberanía, ni Independencia absoluta, ni será República”.
La instauración de la neocolonia el 20 de mayo de 1902, con ese apéndice en su Constitución, estaría vigente hasta 1934 en que fue derogada en el contexto de las contradicciones con Alemania y Japón, que avizoraban la II Guerra Mundial, por lo que el imperio requería cierta estabilidad en la región, lo cual justificó la llamada “política del buen vecino.” una especie de antecedente histórico de lo que sería 80 años después la estrategia del llamado poder suave actual.
En el plano interno, Cuba había acabado de transitar por un convulso proceso revolucionario antiimperialista que, aunque frustrado, incentivó la oposición del pueblo a la Enmienda Platt.
No obstante, esa enmienda no representó solamente una reliquia de los viejos tiempos y hoy junto a la bicentenaria Doctrina Monroe, que preconiza el control de la región por EE.UU, recientemente desempolvada por la actual administración, deja muy claro la actualidad de aquel pensamiento imperialista escrito por Leonardo Wood en el lejano año de 1901.

ACN

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