Acordes

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Por Daily Sánchez Lemus

El 20 de octubre de 1868 se entona por vez primera el Himno de Bayamo, en la ciudad tomada por los mambises… Ese día, la letra se da a conocer por intermedio de su autor, Perucho Figueredo, pero las notas musicales ya existían desde el 14 de agosto de 1867, compuestas por el propio patriota. Sin embargo, fue el 11 de junio de 1868 cuando tuvo su primera presentación en público: durante la celebración del Corpus Christi en la Iglesia Mayor. El sentido de lo cubano iba cobrando fuerza cada vez más fuerza, en la medida en que aquella generación soñaba y preparaba su lucha por la libertad.

3832-dia-cultura-himnoAsí se tocaron en la Iglesia de la villa y, cuando el gobernador militar le inquirió a Perucho sobre aquello que sonaba como himno de combate, el cubano le dijo que si no sabía nada de música, no podía asegurar tan señalamiento. El gobernante, en cambio, le contestó que él podría no conocer de música, pero que ambos sí sabían que se trataba de un himno de combate.

Este es el nacimiento de la música de uno de los símbolos sagrados de nuestro país. Y es que esta manifestación del arte ha estado siempre acompañando los empeños de los cubanos. Por eso, con el motivo musical, podemos repasar nuestra historia una vez más, pues junto a cada uno de los tres himnos de combate más importantes, hubo una canción de amor: La Bayamesa con el Himno de Bayamo; El Mambí con el Himno Invasor; y La Lupe junto a la Marcha del 26.

La Bayamesa está considerada la primera canción romántica y trovadoresca cubana. En la gran mayoría de los escritos sobre esta pieza, la melodía se la adjudican a Carlos Manuel de Céspedes y Francisco del Castillo, y la letra al poeta José Fornaris. Conocido era que Carlos Manuel -quien encabezaría luego el alzamiento en La Demajagua, fuese Presidente de la República en Armas y reconocido como el Padre de la Patria-fue un buen pianista. Por su parte, Fornaris fue uno de los poetas que más le cantó a lo cubano y era reconocido conspirador contra la metrópoli española. Finalmente, Francisco del Castillo, fue un importante abogado independentista que murió un año antes de iniciarse la Guerra de los Diez Años. Así, en la ciudad de Bayamo, nacía aquella hermosa canción que representa una época llena de patriotas y hombres ilustrados. La musa, Luz Vázquez, escuchó por primera vez gracias a la iniciativa de su amado Francisco, lo que luego sería también un canto a lo grandioso de lo cubano.

¿No recuerdas, gentil bayamesa, que tú fuiste, mi sol refulgente, y risueño, en tu lánguida frente, blando beso imprimí con ardor?

A ella se unió, luego, el himno que compuso Perucho Figueredo en plena efervescencia independentista, y que hoy es símbolo patrio. De igual forma, en la Guerra Necesaria, con la invasión a occidente, Enrique Loynaz del Castillo, General del Ejército Libertador, escribe su Himno a Maceo. La letra nació en la finca La Matilde, Camagüey, como respuesta a unos versos ofensivos para los mambises, que habían sido escritos en la ventana de lo que fuera la casa de un militar español. Antonio Maceo conoce los versos de Loynaz, pero no le acepta el Himno en su honor por considerarlo demasiado. Se dispone entonces musicalizarlo y denominarle como la marcha que serviría para guiar a las tropas, que enseguida lo aprendieron. ¡A las Villas valientes cubanos:

A Occidente nos manda el deber De la Patria a arrojar los tiranos ¡A la carga: a morir o vencer!

A la contienda organizada por José Martí, muchos fueron los jóvenes que se sumaron como correspondía a su generación. Uno de ellos fue Luis Casas Romero. El nombre de Luis es posible que rápidamente salte a nuestra memoria como el de pionero de la radio en Cuba, pero lo que quizás no se conozca demasiado es que se incorporó con 15 años de edad al Ejército Libertador. Y fue del calor de la manigua de donde le nacería luego una pieza de amor única, triste en la historia que narra, pero otra vez sobre el héroe que ama. El Mambí, aunque un poco más tarde que el Himno Invasor, -en 1912- surgiría para convertirse en el símbolo del guerrero que amante partía a aquella guerra dejando atrás lo más íntimo de su vida por encontrar la libertad. Fue precisamente otro patriota, protagonista de hechos libertarios, quien componía la canción de amor más hermosa que refleja la Guerra del 95. Un día triste cayó a mi lado, su hermoso pecho sangrando vi, y desde entonces fue más ardiente, Cuba adorada mi amor por ti, y desde entonces fue más ardiente, Cuba adorada mi amor por ti.

Años después, en 1953, el Asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes constituyó la acción militar que dio inicio a una nueva etapa de lucha insurreccional en nuestro país. Uno de los sobrevivientes de aquella gesta, Agustín Díaz Cartaya, dio en prisión los toques finales al himno de su generación, la marcha que representaba a quienes en contextos diferentes seguían pujando por lo mismo que sus antecesores: independencia, justicia, progreso, soberanía. Así, en presidio, se entonaron las notas al mismísimo Fulgencio Batista, burlado delante de todos sus subalternos por la osadía del canto nuevo: la Marcha de la Libertad, luego Himno del 26 de Julio.

Marchando, vamos hacia un ideal sabiendo que hemos de triunfar en aras de paz y prosperidad lucharemos todos por la libertad.

Tres años más tarde, otro integrante de la generación del centenario, también aficionado a la música, escribiría la canción de amor emblemática de las nuevas luchas: La Lupe. Juan Almeida, durante su exilio en México, conoció el amor de una guadalupana y a ella le escribió cuando hubo de partir a retomar la lucha en Cuba. Otra vez el amor a la pareja se engrandece con el amor a la patria y el bien común se impone a la tranquilidad individual.

Si bien es cierto que existen otras piezas dedicadas a momentos importantes de la vida cubana, de la cultura, lo singular de este caso es que cada uno de los himnos fue escrito por uno de los protagonistas guerreros, y las canciones de amor igual, fueron escritas o musicalizadas por luchadores que impregnados de lo épico, dieron rienda suelta a lo humano de amar y tener que dejar lo propio en busca del espacio para todos.

Más que casual, es una lógica que generaciones demostraron espontáneamente, por necesidad de cantar y de utilizar la música como vehículo de sus sentimientos, como muestra de lo cubanísimo y legítimo de sus batallas. Así quedan, para nuestros hijos, tres grandes guerras por la libertad, con sus tres himnos y sus tres canciones de amor… como símbolos en Cuba, país que seduce con la temperatura de sus almas.

La Historia no tiene moldes prefabricados. No puede. Inventárselos sería ir contra la savia humana que la funda. La Historia nace de la vida, es el presente visto dentro muchos años, es el futuro a la luz de hoy. No puede escribirse con medias tintas, ni creer tampoco que todo esté escrito. Se enriquece con descubrimientos, testimonios, huesos, papeles, polvo…con el hombre que la ama y en su búsqueda la hace crecer.

La Historia es todo: cultura en el tiempo, vida en el tiempo…y música en el tiempo. Mediante estas seis piezas musicales se puede recorrer tres grandes momentos bélicos de nuestro país por su libertad, identificar sus causas, sus objetivos, sus sentimientos y sus sueños.

Por eso, mediante acordes, llega también la historia de la nación, nos define, y nos llama cada día a seguir amando y combatiendo por lo cubano que se piensa, se siente, y se canta.

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2 Comentarios

Josefina dijo:

Muy interesante y pertinente el artículo y sobre todo ilustrativo sobre nuestro Himno, pero al abordarlo desde la óptica musical, pensé que comentarían algo sobre esa variante del Himno Nacional en tiempo de conga que se difunde constantemente por los medios de comunicación. ¿No lo considera un poco irrespetuoso?. Los dos últimos párrafos del artículo no parecen traducir el jolgorio en que han convertido nuestro Himno.

11 junio 2017 | 12:45 pm
@TonyM.61 dijo:

Todos los honores a nuestros símbolos patrios. Difícil de explicar cómo es posible que un diseño ojival, con listas azules y blancas, una palma y el remedo de porciones de tierra, un sol poniente y ramas; Un lienzo rectangular, de franjas blanquiazules, triangulo escarlata y blanca estrella; Y una composición musical de apenas unas estrofas, sean capaces de hacernos sentir toda nuestra historia correr por las venas; oír sonidos de machetes redentores; sentir los olores ácidos de ropa verdeolivo sudada en las montañas; el júbilo popular de un 1ro de enero; nos haga aparecer el rostro del padre, o el abuelo, medio siglo atrás, entre estruendos, olor a pólvora y fosforo vivo, expulsando a mercenarios que ensuciaron nuestras playas; rememorar los ojos del deportista conteniendo deseos de explotar de felicidad recibiendo una medalla de oro en un certamen mundial; nos hace ver el rostro iluminado de nuestra pequeña recibiendo su pañoleta. VIVA CUBA LIBRE Y SOBERANA!

11 junio 2017 | 08:23 pm