Abel Santamaría, el elegido

Por Dra. Ana Teresa Badía Valdés

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Abel Santamaría Cuadrado nació el 20 de octubre de 1927 en el villaclareño municipio de Encrucijada y fue el tercer hijo del matrimonio de Benigno Santamaría Pérez y Joaquina Cuadrado Alonso.

Según consta en un documento que guarda el Museo Casa Natal Abel Santamaría, nació exactamente a las siete de la noche, y por segundo nombre tuvo el de su padre.

El central Constancia supo de sus primeros pasos. Allí su padre ejercía el oficio de maestro carpintero, allí comenzó a amar a la figura de José Martí, y a jugar a la pelota. Cuando los años comenzaron su transcurrir se hizo dependiente en la bodega del ingenio.

Con 19 años vino a La Habana, en 1946, y se instaló en una habitación en la azotea de una casa, ubicada en la calle Virtudes 214. Después se mudó hacia 25 y O en el Vedado. Ese apartamento tiene un lugar en la historia de nuestro país, allí le seguiría su hermana Haydée Santamaría y sería sitio para reuniones del Movimiento 26 de julio.

“En mi casa, dijo una vez Haydée, se discutía mucho. Abel y Fidel exponían sobre el ideario martiano, el Manifiesto de Montecristi, los estatutos del Partido Revolucionario que fundara el Apóstol. Abel exigía a cada compañero que fuera profundamente martiano; muchas veces le oí decir a Abel que estudiando a Martí profundamente, ninguna persona tendría dificultad para encontrar el verdadero camino”.

Abel, el elegidoDespués de que Abel conoció al líder de la Revolución Fidel Castro, en 1952, empezó a asumir cada vez más complejas responsabilidades. “Una revolución no se hace en un día, pero se comienza en un segundo”, esbozaría en esa época Abel.

El 26 de julio de 1953 Abel había ocupado el Hospital Civil de Santiago de Cuba, una acción que había sido planificada junto al asalto a la posta tres del cuartel Moncada por Fidel. Cuando callaron las armas de los rebeldes en la posta tres y solo se percibía el fuego atronador de las armas enemigas, Abel y sus compañeros continuaron disparando hacia la fortaleza militar. Después de haber cumplido con su misión, fue hecho prisionero, torturado salvajemente y asesinado el 26 de julio.

Y nadie mejor que el mismo Fidel lo caracterizaría en aquel juicio histórico, donde los acusados se convirtieron en acusadores: “Abel Santamaría, el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes, cuya gloriosa resistencia lo inmortaliza ante la historia de Cuba”.

Abel, el elegidoAbel en los poetas

La figura de Abel Santamaría ha inspirado a poetas cubanos, entre ellos a la mantancera Carilda Oliver Labra y a Silvio Rodríguez, quienes en sus obras han ofrecido un acercamiento al legado del más intrépido de los jóvenes que quisieron materializar los sueños martianos en el año del centenario del nacimiento del Apóstol.

 

Conversación con Abel Santamaría, de Carilda Oliver

Miras, Abel,
sin ojos en la tierra.
Tu mirada viene de lo que no abandona la belleza.
Aquí está derramada
como cuidando el sesgo de tu isla,
la lucha del mar por sostenerla;
ayuda al balanceo de las palmas,
agrede nuestro miedo.
¿Quien le dice: párate;
quién la vuelve a esa cuenca desolada?.
Miras, Abel,
y se revuelve el hambre de los pobres.
Miras, y arde
la libertad de los hermanos secos,
enterrados a pulso
frente a los sinsontes.
Aquí convoco
tu córnea interminable
persiguiendo el mal con una lágrima,
la pupila
oráculo de tu hermana,
rebelde,
pariendo luz dentro del polvo.
Yo no me enluto,
yo no sollozo.
Yo oigo tu mandato
y me apoyo en ti como en un talismán,
como en un aire de yagrumas,
como en un himno.
Tú eres el único que ahora ve en las tinieblas,
porque aquí ya todos somos ciegos.
Danos tu mirada.
Es fuerte como la primavera del milagro.
Ampáranos con tu: ten mis ojos, Cuba.

 

Abel, el elegido

Canción del elegido, Silvio Rodríguez

Siempre que se hace una historia
se habla de un viejo, de un niño o de sí,
pero mi historia es difícil:
no voy a hablarles de un hombre común.
Haré la historia de un ser de otro mundo,
de un animal de galaxia.
Es una historia que tiene que ver
con el curso de la Vía Láctea.
Es una historia enterrada.
Es sobre un ser de la nada.

Nació de una tormenta
en el sol de una noche,
el penúltimo mes.
Fue de planeta en planeta
buscando agua potable,
quizás buscando la vida
o buscando la muerte
-eso nunca se sabe-.
Quizás buscando siluetas
o algo semejante
que fuera adorable,
o por lo menos querible,
besable, amable.

Él descubrió que las minas
del rey Salomón
se hallaban en el cielo
y no en el África ardiente,
como pensaba la gente.
Pero las piedras son frías
y le interesaba
calor y alegrías.
Las joyas no tenían alma,
sólo eran espejos,
colores brillantes.
Y al fin bajo hacia la guerra…
¡perdón! quise decir a la tierra.

Supo la historia de un golpe,
sintió en su cabeza
cristales molidos
y comprendió que la guerra
era la paz del futuro:
lo más terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida.
La última vez lo vi irse
entre el humo y metralla,
contento y desnudo:
iba matando canallas
con su cañón de futuro.

 

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