25 años, toda una vida

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Por Leticia Martínez Hernández

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Elena nació una de estas noches de octubre. Vio la primera luz en un hospital de La Habana, rodeada de médicos, abnegadísimos todos. En un santiamén recibió los cuidados necesarios, esos que salvaron su vida cuando apenas comenzaba. Antes de salir de la institución en brazos de su mamá, tenía puestas sus primeras vacunas.

Elena nació una de estas noches de octubre en un país bloqueado. Nació bajo el signo de una política hostil que priva a los suyos hasta de lo más elemental, como mismo lo hizo su mamá 32 años antes, como casi le sucede a su abuela, quien con solo tres años entró también en la lista de cubanos marcados por un cerco tan inútil, como tan terco.

Mientras ella dormía en la mañana de este 26 de octubre, se votaba en las Naciones Unidas por el bien de su país. La mamá iba de la cuna al televisor, sin parar, velando ambos sucesos: el sueño y la votación. Tras 25 años de lucha —toda una vida— esa mañana no hubo votos en contra de la Resolución que Cuba ha presentado tenazmente. Estados Unidos se abstiene, dijo la embajadora Samantha Power, y el mundo aplaudió.

¿Será que a Elena le tocará vivir años menos duros? ¿Tendrá todos los juguetes que desee? ¿Faltarán crayolas, libretas, plastilinas, en su mesa escolar? ¿Podrá vivir sin temor a enfermarse y no tener la medicina precisa? Y si desea estudiar música, artes plásticas, ballet ¿tendrá sus instrumentos, sus pinceles, sus zapatillas? ¿Podrá vivir ella en un país normal, en uno que pueda lidiar con el mundo sin tantas vallas de por medio?

Ojalá así sea. Aunque la abstención no basta, no llena, mucho menos alivia. Lo digno hubiera sido decir “no”, porque el bloqueo no es una palabra, una idea, disposiciones en un papel, mucho menos una excusa. El bloqueo tiene nombres, dolores, precariedades, ausencias, enojos, sudores, malos ratos… que se han ido acumulando en 58 años de tragedia. ¡58 años! ¿Qué otro país hubiera podido resistir tanto?

Por más de dos décadas en la ONU se ha condenado la hostilidad norteamericana hacia la Isla. Por más de dos décadas Estados Unidos ha hecho caso omiso. Paradójicamente, su representante ante el magno organismo sube por vez primera al podio para abstenerse ante su propia política cruel. Resulta extraño después de tanto empecinamiento Parece buena señal, habría que ver ahora cómo la aterrizan.

Mientras tanto Elena se acurruca en su cuna, a veces sonríe, dicen los médicos que es solo un gesto involuntario, según sus abuelos le anda sonriendo a los ángeles. Prefiero pensar que es feliz, que le place la tranquilidad en la que comienza a vivir y que esa sonrisa, tan reconfortante, puede ser la antesala de mejores tiempos, mejores que los que le tocaron a su madre, a su abuela, a su familia toda.

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Tomada de Cubahora

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1 Comentario

Prudencio Razono dijo:

No resta mucho por decir.
Yo también, al igual que la inmensa mayoría de los cubanos he vivido las mismas circunstancias.
No me avergüenza decir que este artículo me ha sacado las lagrimas.

30 octubre 2016 | 09:14 am