246 ANIVERSARIO DE LA DECLARACION DE INDEPENDENCIA DE LOS EE.UU (PARTE II)

Lea más de: , , ,

246 Aniversario de la declaración de independencia de los EE.UU (parte II)  

“El gigante de las 7 leguas contra la democracia mundial”

eeuu-venezuela

por: Yolanda Pascual

Carlos III, Rey de España, odiaba a Inglaterra, de ahí que estuvo presto a apoyar a los patriotas norteamericanos en su lucha por la independencia. No hizo el menor caso a la premonición de su Ministro representante en Washington: “Dentro de pocos años contemplaremos con pesar la existencia opresora de este coloso”[1], escribió el Conde de Aranda en nota enviada a Carlos III al iniciarse la contienda. No se equivocaba. Para 1800, ya Alexander Hamilton preveía un imperio desde Canadá hasta la Patagonia.

El afán expansionista nació y creció desenfrenadamente a lo largo del siglo XIX.  Francia, España y la propia Inglaterra fueron víctimas de la voracidad expansionista de los EE.UU. En sus casos, nada lamentable, en tanto se trataba de los escarceos imperiales con las potencias que se habían repartido el mundo.

Lamentable fue el caso de México, al que le fue arrebatado parte de su territorio luego de haber luchado por su independencia. Y Cuba, cuya independencia le fue cercenada por la intervención norteamericana en la guerra de independencia, cuando prácticamente había vencido al ejército español.

La entonces joven república no conocía, y aún no conoce límites. Dieron continuidad al   expansionismo que inició la metrópoli y comenzaron a conformar las distinta doctrinas, que han dado soporte a las políticas, guerreristas y de dominación   a ultranza de los intereses de su propio pueblo.

Así nació la Doctrina del Derecho Natural, enarbolada por el Presidente John Adams: “Nuestra posición no será solida hasta que Gran Bretaña no nos ceda lo que la naturaleza nos destinó a nosotros, o hasta que nosotros mismos no le arranquemos esas posiciones”. Se refiere a los intereses por los territorios de Canadá y Nueva Escocia.

En 1823, John Quincy Adams, Sec. De Estado del Pr. Monroe, en nota a su Ministro en Madrid para que fuera trasmitida a Su Majestad señalaba refiriéndose a las Antillas:

“Estas islas, por su posición local son apéndices naturales del continente norteamericano y una de ellas, la Isla de Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser por una multitud de razones, de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de la Unión.” [2]

Y seguía: “…hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física, y así como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento, no puede aunque quiera dejar de caer en el suelo, así Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, es incapaz de sostenerse por sí sola. Tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión Americana”.

Fue el futuro de Cuba la causa directa y primordial de la Doctrina Monroe con el fin de impedir toda intromisión europea, especialmente inglesa en América: “…América para los Americanos. …” Léase, América para los EE.UU.

Tan altisonante y prepotente como la Doctrina Monroe, fue la Doctrina del Destino Manifiesto expuesta por el periodista John O. Sullivan en el artículo Anexión publicado en la revista Democratice Revire de New York en agosto de 1845: “…el cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que se nos ha asignado por la providencia para el gran experimento necesario para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino. Demanda basada en el derecho de nuestro destino manifiesto a poseer todo el continente que nos ha dado la providencia”.

No se conoce otro imperio que haya hecho tanto uso y abuso de la providencia como EE.UU. con lo cual ofende a los cristianos honestos, al tiempo que manipula grotescamente al pueblo norteamericano, intentando convencerlos de que son “el pueblo elegido”.

A tenor de esos desmanes, para finales del siglo XIX y principios del XX se habían expandido con creces. “Al proclamar su independencia en 1776 las 13 colonias tenían una superficie aproximada de medio millón de kilómetros cuadrados. Con la expansión posterior, los EE.UU. han alcanzado actualmente una extensión total de 9 363 502 kilómetros cuadrados, excluido P. Rico y las islas bajo su dominio.[3]

Aplicando la Doctrina Monroe durante el siglo XX y en lo que va del XXI, EE.UU. invadió Nicaragua, Cuba, Santo Domingo, Panamá, Granada. Alimentó la guerra sucia, y el terrorismo de estado aupando gobiernos dictatoriales.

No es un secreto que en la Escuela de las Américas, localizada en las bases militares norteamericanas en Panamá, se entrenaron los asesinos de los gobiernos títeres de América Latina. En las décadas de los 60, 70, y 80 EE.UU. apoyo las sangrientas dictaduras de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, y el Golpe Militar en Chile que costo más de 60,000 vidas.

La llamada “guerra de baja intensidad”  en Centro América durante los años 80 para revertir Gobiernos y  movimientos revolucionarios tuvo efectos que hasta hoy repercuten en estos pueblos, donde la derecha persiste en imponer sus códigos en alianza con las mafias. El precio fue alto: 200, 000 muertos en Guatemala, 75,000 en el Salvador y 50,000 en Nicaragua. [4]

Se sembró el terror. Miles de huérfanos, mutilados y desaparecidos impactan negativamente todavía hoy en la psicología de los centroamericanos, que sufren los efectos del genocidio que contra su pueblo se perpetro. No se puede analizar el drama de la emigración centroamericana, sin atender a las causas que lo generaron.

Vietnam, al que dividieron artificialmente para mantener la influencia geopolítica en la región del extremo Oriente. Fue un gran engaño al ciudadano norteamericano, persistentemente desinformado sobre el curso “victorioso de la guerra”, en tanto llegaban los ataúdes de aproximadamente 60, 000 de sus nacionales. Aun hoy se registran los efectos devastadores de una guerra que incidió negativamente en el tejido psicosocial de la “gran nación”.

Muchos norteamericanos aún desconocen las consecuencias de la Operación Fénix, ejecutada en la segunda mitad de los 60 y mediante la cual se aplicaron tácticas de “terror selectivo” contra la población vietnamita con el fin de eliminar la resistencia. Más de 40,000 muertos hicieron de la selectividad un verdadero genocidio.

Son unos pocos ejemplos de una historia más larga. En el país de la libertad de información y de prensa, se les escamotea la historia a los jóvenes y se les obliga a vivir ajenos a los motores autodestructivos de su nación.

Pasaran muchos años antes de que la Freedom of Information Act. (FOIA) desclasifique los hechos más oscuros de la historia de agresiones norteamericanas, ejecutadas bajo el pretexto de evitar el avance del comunismo en el mundo; para ellos entonces la principal amenaza.

Solo que, desaparecida la URSS y el campo socialista y en apariencia desvanecida la Guerra Fría, los Estados Unidos de América se mantuvieron aterrorizando al mundo bajo nuevas justificaciones.

Aprovechando el nuevo escenario, se dieron a la tarea de fortalecer su hegemonía mundial y la unipolaridad. Para ello utilizaron el fundamentalismo islámico y el emporio militar y económico de Bin Laden, con quien ya habían contado para sacar a los rusos de Afganistán.

Con ese apoyo rodean a Rusia, se posesionan en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central persiguiendo su petróleo; alientan la guerra en los Balcanes respaldando al Ejército de Liberación Kosovar (UCK) de estrechos lazos con Osama Bin Laden e incitan, con apoyo también del extremismo islámico, la guerra separatista en Chechenia.

El inicio y la evolución de las relaciones económicas, políticas y militares incluido sus servicios especiales, entre el Gobierno de EE.UU y Bin Laden hasta llegar a las Torres Gemelas es la trama mas cínica y perniciosa a la paz mundial que pudieran haber construido los norteamericanos a lo largo de su historia imperial.

El Gobierno de los EE.UU. y sus Servicios Especiales conocían que se organizaba un atentado de gran magnitud. Habían sido alertados por otros servicios de inteligencia. Y lo dejaron correr. Todavía puede recordarse la cara sin expresión alguna, del Presidente George W. Bush, ante las cámaras de la T.V., cuando recibió la noticia durante una visita a una escuela en Miami.

Fue la oportunidad que estaban esperando para relanzar con más fuerza su hegemonismo mundial y dominar las fuentes de petróleo en el Medio Oriente. El pueblo norteamericano, engañado y manipulado una vez más bajo la amenaza terrorista, apoyó todo lo que el gobierno solicitó para enfrentar la amenaza.  No se debatieron en ningún espacio los elementos discordantes sobre el atentado. La sombra del MacCarthismo flotaba sobre los que hubieran querido iniciar un proceso investigador.

Palabras de Condolezza Rice, Asesora para la Seguridad Nacional en el 1er Gobierno de Bush: “Poco después del 11 de septiembre reuní el Consejo para la Seguridad. Les pedí a todos los miembros que reflexionaran sobre esta oportunidad para un cambio fundamental en la doctrina norteamericana y el orden mundial. El 11 de septiembre las placas tectónicas de la política internacional comenzaron a moverse. Es importante para reposicionar las instituciones e intereses de los EE.UU. en el mundo antes de que las placas paren de moverse”.[5]

Así aparecieron nuevas doctrinas: los ataques preventivos, el concepto de soberanía limitada, guerra de civilizaciones, el uso incluso del arma nuclear, entre otras aberraciones.  Bajo la amenaza de terrorismo global, se propusieron globalizar la hegemonía militar norteamericana, acompañante consustancial de la globalización neoliberal; con ayuda de los medios de comunicación, y la industria del entretenimiento. Todos instrumentos indispensables y esclavizantes del imperio.

EE.UU. terminó pulverizando su muy débil sentido de prudencia y de compromiso con la paz mundial en aras de mantener inexpugnable el poder del gran capital cuyos orígenes defendió Alexander Hamilton.

[1] Rafael San Martin, Biografia del Tio Sam, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2006,, pag. 89

[2] Emilio Roig de Leuchsenring, Cuba no debe su independencia a los EE.UU., Ediciones la Tertulia, La Habana, 1960, pág. 94

[3] Rafael San Martin Op cit,   pag 89

[4] Cifras tomadas de Peter Franssen. 11 de Setiembre. De cómo los terroristas se salieron con la suya. Editorial  Ciencias Sociales, La Habana 2005, pág. 114

 

[5] Peter Franssen. 11 de Setiembre. De cómo los terroristas se salieron con la suya. Editorial  Ciencias Sociales, La Habana 2005, pág. 114

Hacer un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos. Todos los campos son obligatorios.