¿Dónde formar médicos para el mundo? En #Cuba

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Gail Reed/Editora ejecutiva de la Revista MEDICC

Quiero contarles cómo 20 000 jóvenes extraordinarios de más de 100 países terminaron en Cuba y están transformando la salud en sus comunidades. El 90% de ellos nunca habrían salido de casa si no fuera por las becas para estudiar medicina en Cuba y el compromiso de volver a lugares como aquellos de donde venían: granjas remotas, montañas y barrios pobres para ser médicos para gente como ellos, para predicar con el ejemplo.

La Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana, ELAM, es la escuela de medicina más grande del mundo, ha graduado 23 000 jóvenes médicos desde su primera clase en 2005, y hay casi 10 000 más en formación. Su misión: formar médicos para quienes más los necesitan: los más de mil millones que nunca han visto un médico, las personas que viven y mueren debajo de toda línea de pobreza. Estos estudiantes desafían todas las reglas. Son el mayor riesgo de la escuela y también su mejor apuesta. Son reclutados de los lugares más pobres y más vulnerables de nuestro planeta por una escuela que cree que pueden llegar a ser no solo los buenos, sino los excelentes médicos que sus comunidades necesitan desesperadamente, que van a ejercer la medicina donde la mayoría no lo hace, en lugares no solamente pobres sino a menudo peligrosos, llevando en sus mochilas antídotos para el veneno o trabajando en barrios acribillados por las drogas, las pandillas y las balas, sus comunidades natales.

Se espera que ayuden a transformar el acceso a los servicios médicos, el cuadro de salud en las zonas pobres, e incluso la forma de aprender y practicar la medicina misma. Y que se conviertan en pioneros en nuestro esfuerzo global por lograr la cobertura universal de salud, sin duda una tarea difícil. Dos grandes tormentas y esta idea de “predicar con el ejemplo” llevó a la creación de la ELAM en 1998. Los huracanes Georges y Mitch habían devastado el Caribe y Centroamérica, dejando 30 000 muertos y dos millones y medio de personas sin hogar.

Cientos de médicos cubanos se ofrecieron como voluntarios ante el desastre, pero cuando llegaron allí, se encontraron con un desastre mayor: comunidades enteras sin asistencia médica, hospitales rurales cerrados por falta de personal, y demasiados bebés muriendo antes de su primer cumpleaños. ¿Qué pasaría cuando estos médicos cubanos se fueran? Se necesitarían nuevos médicos para hacer sostenible la atención pero ¿de dónde vendrían? ¿Dónde se formarían?

En La Habana, el campus de una antigua academia naval se entregó al Ministerio de Salud de Cuba para convertirse en la Escuela Latinoamericana de Medicina, ELAM. La matrícula, alojamiento, comida y un pequeño estipendio se les ofreció a cientos de estudiantes de los países más afectados por las tormentas. Como periodista en La Habana, vi llegar a los primeros 97 nicaragüenses en marzo de 1999, instalarse en dormitorios apenas remodelados y ayudar a sus profesores no solo a barrer las aulas sino a acomodar los escritorios y las sillas y los microscopios.

En los siguientes años, los gobiernos de América solicitaron becas para sus propios estudiantes, y el Caucus Negro del Congreso de EE.UU. pidió y recibió cientos de becas para los jóvenes de EE.UU. Hoy, entre los 23 000 hay graduados de 83 países de América, África y Asia y la matrícula ha aumentado a 123 naciones. Más de la mitad de los estudiantes son jóvenes mujeres. Provienen de 100 grupos étnicos, hablan 50 idiomas diferentes. La directora de la OMS, Margaret Chan, dijo: “Por primera vez, si uno es pobre, mujer, o de una población indígena, tiene una clara ventaja, una ética que hace única a esta escuela de medicina”.

Luther Castillo viene de San Pedro de Tocamacho, en la costa atlántica de Honduras. Ahí no hay ni agua corriente ni electricidad y para llegar al pueblo, hay que caminar durante horas o arriesgarse a toma una camioneta como yo hice, bordeando las olas del Atlántico. Luther fue uno de los 40 chicos de Tocamacho que empezaron la escuela primaria, los hijos e hijas de un pueblo negro indígena conocido como los garífunas, el 20 % de la población hondureña. El médico más cercano estaba a letales kilómetros de distancia. Luther tuvo que caminar tres horas todos los días para llegar a la escuela media. Solo 17 hicieron ese viaje. Solo 5 fueron a la secundaria, y solo uno a la universidad: Luther, a la ELAM, entre los primeros graduados garífunas. Solo hubo dos médicos garífunas antes en toda la historia de Honduras.

Ahora hay 69, gracias a la ELAM. Los problemas grandes requieren soluciones grandes, impulsados por grandes ideas, imaginación y audacia, pero también por soluciones que funcionen. Los profesores de la ELAM no tenían bases en evidencia para guiarlos, por eso aprendieron de la manera difícil, con prueba y error en la práctica. Incluso los estudiantes más brillantes de estas comunidades pobres no estaban preparados académicamente para seis años de formación médica, por lo que se creó un curso de nivelación en ciencias. Luego estaba el idioma: había mapuches, quechuas, guaraníes, garífunas, indígenas que aprendieron español como segunda lengua, o haitianos que hablaban créole. Así que el español se convirtió en parte del plan de estudios de pre-pre-medicina.

De todas formas, en Cuba, la música, la comida, los aromas, casi todo era diferente, así que los profesores se convirtieron en familia, la ELAM un hogar. Las religiones iban desde creencias indígenas a yoruba, musulmán y evangélico cristiano. Adoptar la diversidad se convirtió en una forma de vida. ¿Por qué tantos países han solicitado estas becas?

En primer lugar, simplemente porque no tienen suficientes médicos, y donde los tienen, su distribución perjudica a los pobres, porque nuestra crisis mundial en salud está alimentada por una crisis de recursos humanos. Nos faltan de 4 a 7 millones de trabajadores de la salud solo para satisfacer las necesidades básicas, y el problema está en todas partes. Los médicos se concentran en las ciudades, donde solo vive la mitad de los habitantes del planeta, y dentro de las ciudades, no están en los barrios pobres o en el sur de Los Ángeles. Aquí en Estados Unidos, donde tenemos la reforma en salud, no tenemos los profesionales que necesitamos. Para el 2020, tendremos una falta de 45 000 médicos de atención primaria. Y también somos parte del problema. Estados Unidos es el principal importador de médicos de países en desarrollo.

Segundo, los estudiantes acuden masivamente a Cuba atraídos por los resultados de salud en la isla, basados en un fuerte sistema de atención primaria. Una comisión de The Lancet ubicó a Cuba entre los mejores países de ingresos medios en materia de la salud. Save the Children identificó a Cuba como el mejor país de América Latina para ser madre. Cuba tiene una expectativa de vida similar a EE.UU. y una mortalidad infantil más baja, con menos desigualdades, mientras gasta por persona la vigésima parte de lo gastado en salud aquí en EE.UU. Académicamente, la ELAM es difícil, pero el 80 % de sus estudiantes se gradúan. Las materias son familiares, ciencias básicas y clínicas, pero hay diferencias importantes.

En primer lugar, la formación ha salido de la torre de marfil hacia las aulas de las clínicas y los barrios, lugares similares a donde trabajarán la mayoría de estos graduados. Claro, también tienen conferencias y rotaciones hospitalarias, pero el aprendizaje basado en la comunidad empieza desde el primer día.

En segundo lugar, los estudiantes tratan al paciente como un todo, mente y cuerpo, en el contexto de sus familias, sus comunidades y su cultura.

Tercero, aprenden salud pública: evalúan el agua que beben sus pacientes, sus viviendas, las condiciones sociales y económicas en que viven.

Cuarto, se les enseña que una buena entrevista con el paciente y un examen clínico a fondo proporcionan la mayoría de las pistas para el diagnóstico, ahorrando costosa tecnología para la confirmación.

Y, por último, se les enseña una y otra vez la importancia de la prevención, especialmente de enfermedades crónicas que amenazan con paralizar los sistemas de salud en todo el mundo.

Este aprendizaje en los servicios también viene con un enfoque de equipo, tanto la forma de trabajar en equipo como la forma de dirigirlos, con una dosis de humildad. Al graduarse, estos médicos comparten sus conocimientos con enfermeras, parteras, trabajadores comunitarios de salud, para ayudarles a ser mejores en lo que hacen, no para sustituirlos, para trabajar con los chamanes y los curanderos tradicionales.

Los graduados de la ELAM… ¿Están demostrando que este experimento audaz funciona? Decenas de proyectos nos dan una idea de lo que son capaces de hacer. Tomen los graduados garífunas. No solo regresaron a casa a trabajar, sino que organizaron a sus comunidades para construir el primer hospital indígena de Honduras. Con la ayuda de un arquitecto, los vecinos literalmente lo levantaron desde cero. Los primeros pacientes entraron en diciembre de 2007 y, desde entonces, el hospital ha recibido casi un millón de consultas. Y el gobierno está prestando atención, señalando al hospital como un modelo de atención rural en salud para Honduras.

Los graduados de la ELAM son inteligentes, fuertes y también dedicados. Haití, enero de 2010. El dolor. Personas enterradas bajo 30 millones de toneladas de escombros. Abrumador. Trescientos cuarenta médicos cubanos ya trabajaban allí desde hacía mucho tiempo. Más estaban en camino. Se necesitaban muchos más. En la ELAM, los estudiantes trabajaron día y noche para contactar a 2000 graduados. Como resultado, cientos llegaron a Haití, respondieron de 27 países, de Malí y el Sahara a St. Lucia, Bolivia, Chile y EE.UU. Se comunicaban fácilmente entre sí en español y escuchaban a sus pacientes en créole gracias a los estudiantes de medicina haitianos que volaron desde la ELAM en Cuba. Muchos se quedaron durante meses, incluso durante la epidemia de cólera. Cientos de graduados haitianos tuvieron que recomenzar sus vidas, superando su propio dolor, para luego empezar a construir un nuevo sistema de salud pública para Haití.

Hoy, con la ayuda de organizaciones y gobiernos desde Noruega a Cuba y Brasil, se han construido docenas de nuevos centros de salud, dotados con personal y, en 35 casos, dirigidos por graduados de la ELAM. Sin embargo, esta historia de Haití también ilustra algunos de los mayores problemas que enfrentan muchos países. Vean: había 748 haitianos graduados de 2012, cuando se desató el cólera, casi la mitad trabajaba en el sector público de salud, pero la cuarta parte estaba desempleada, y 110 habían abandonado Haití por completo.

Así que, en el mejor de los casos, estos graduados ejercen en los sistemas públicos de salud, fortaleciéndolos y a menudo son los únicos médicos disponibles. En el peor de los casos, simplemente no hay suficientes empleos en el sector público, donde se atiende a la mayoría de los pobres: no hay suficiente voluntad política, no hay suficientes recursos, no hay suficiente de nada, solo demasiados pacientes sin atención. Los graduados se enfrentan a la presión de sus familias también, desesperado por llegar a fin de mes, así que cuando no hay empleos en el sector público, estos nuevos médicos viran a la práctica privada, o van al extranjero para enviar dinero a casa.

Lo peor de todo, en algunos países, las sociedades médicas influyen sobre las autoridades de acreditación para no aceptar el título de la ELAM, temerosas de que estos graduados les roben sus empleos o reduzcan el número de sus pacientes y sus ingresos. No es una cuestión de competencias. Aquí en EE.UU., la Junta Médica de California acreditó a la escuela tras una inspección rigurosa, y los nuevos médicos demuestran estar a la altura de la gran apuesta de Cuba, aprobando sus exámenes y siendo aceptados en residencias de gran prestigio, desde Nueva York o Chicago a Nuevo México. Doscientos regresan a Estados Unidos llenos de energía, y también insatisfechos. Como dijera una graduada: “En Cuba, nos enseñan a brindar una atención de calidad con escasos recursos, así que cuando veo todos los recursos que tenemos aquí, y me dicen que no es posible, sé que no es cierto. No solo he visto que funciona, lo he hecho funcionar”.

Los graduados de la ELAM, algunos de aquí mismo en Washington DC y Baltimore, han venido de los más pobres entre los pobres para ofrecer salud, educación y una voz a sus comunidades. Han hecho el trabajo más pesado. Ahora tenemos que hacer nuestra parte para apoyar a los 23 000 y contando, Todos nosotros, fundaciones, directores de residencias, prensa, empresarios, responsables políticos, personas, necesitamos apoyar. Tenemos que hacer mucho más a nivel mundial para que esos jóvenes médicos tengan la oportunidad de demostrar lo que valen.

Necesitan poder presentarse a los exámenes para obtener las licencias de sus países. Necesitan empleos en el sector público de salud o en centros de salud sin fines de lucro para poner a trabajar sus conocimientos y compromiso. Merecen la oportunidad de ser los médicos que sus pacientes necesitan. Para avanzar, quizá tengamos que retroceder, volver a aquel pediatra que tocaba a la puerta de mi casa en el sur de Chicago cuando era niña, que hacía visitas a domicilio, que se debía a su comunidad. Estas no son ideas nuevas de lo que debe ser la medicina.

La novedad es la escala más grande y las caras de los propios médicos: Es más probable que un graduado de la ELAM sea mujer en vez de hombre; en el Amazonas, Perú o Guatemala, un médico indígena; en EE.UU., un médico de color que habla perfecto español. Ella ha recibido una formación sólida, se puede contar con ella, y comparte el rostro y la cultura de sus pacientes. Y, sin duda, ella merece nuestro apoyo porque aunque viaje en metro, mula o canoa, ella nos enseña a predicar con el ejemplo.

Tomado del Blog Miaradas Encontradas

https://miradasencontradas.wordpress.com/2015/03/03/donde-formar-medicos-para-el-mundo-en-cuba/

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