Esa opinión, que tanto le enorgullecÃa, explica por sà sola por qué, reconociéndose «el rey de los desafinados», no dejaba de entonar, aun en eventos públicos.
«Me voy a meter a mariachi», dijo el 19 de septiembre de 2012, al recibir del mexicano Vicente Fernández, astro de la ranchera, una guitarra y un CD de corridos. Una semana antes, el presidente lo habÃa galardonado en Miraflores.
El hombre que peleaba a la brava en la ONU y no creÃa en diablos ni en imperios, el que se conmovÃa al andar por los barrios pobres, el lÃder que con Fidel tomó las pesadas riendas de América, no cesó jamás la convocatoria a la alegrÃa: sus Aló, presidente eran espacios para oÃrle decir… y cantar. «Yo también parrandeé, yo también comà arepas a las tres de la mañana», dirÃa una vez.
La «culpa» la tuvo, años atrás, su abuela Rosa Inés, que le pedÃa «Canta, Huguito…», tras lo cual el muchacho se inspiraba, ratos interminables, bajo el chorro rústico del baño.
¿Cuántos artistas profesionales habrán dejado semejante latir en sus canciones?, piensa uno al escucharlo atreverse con los Motivos llaneros, de Eneas Perdomo: «Sobre el espejo del viento,/ voy mirando la sabana,/ y no soporto las ganas/ de decirle lo que siento», para oÃrle más adelante: «Tú sabes que soy tu hijo, llanura venezolana,/ y en mi mente se desgrana tu belleza soberana».
Asà era el «intérprete» que en octubre de 2007, en Santa Clara, armó un trÃo vocal con Rafael Correa y Aleidita Guevara para cantarle al Che Hasta siempre, Comandante, y el que dos años después en Bolivia, ante Evo, desafió a la Sinfónica Nacional al entonar Alma llanera.
El 8 de diciembre de 2012, en su última aparición pública, Chávez se despidió con el Himno de los blindados Bravos de Apure: «Patria, patria, patria querida/ Tuyo es mi cielo, tuyo es mi sol/ Patria, patria, tuya es mi vida,/ tuya es mi alma,/ tuyo es mi amor». ¿Casualidad?
Admiraba profundamente a Alà Primera y «su canto que fue siembra», y varias veces interpretó aquello de «El yanqui teme que tú te levantes,/ América Latina obrera,/ no sé por qué no lo haces,/ el yanqui teme a la revolución,/ el yanqui teme al grito yanqui go home, yanqui go home».
El legado musical de Hugo Chávez radica en enseñar a Venezuela, más que a cantar, a vivir el Himno Nacional, no como texto de coros sino como sentir de patriotas. Si su versión disgusta tanto a la oposición es justamente porque en ella el Comandante se revela eterno y subversivo.
Era sin duda un cantante «peligroso». En septiembre de 2012 elogió la voz de Vicente Fernández: «Hizo retumbar el despacho nuestro; menos mal que es antisÃsmico», dijo, pero él, que estremece Venezuela cada vez que esta le escucha entonar Gloria al bravo pueblo, es un terremoto mayor.
Hugo Chávez no fue una estrella de espectáculo, es un sol americano. Si alguien cree que no regresa, escúchele esta canturÃa: «Adiós mi llano querido,/ me voy pero pronto vuelvo,/ a recorrer tus sabanas para avivar los recuerdos/ que dejaste en mi mente desde que estaba pequeño,/ Cuando estoy lejos de ti/ con más cariño te quiero,/ fuiste mi mejor maestro/ en la escuela de guerrero».
