Por Dra. Ana Teresa Badía Valdés
Transcurría 1998 y en una Cuba que recibía los influjos del derrumbe de la ex Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el líder de la revolución Comandante en Jefe Fidel Castro expresaba: “Lo primero que hay que salvar es la cultura”. Así reflexionaba en el VI Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en el que sostuvo además que la herencia cultural es escudo nacional. Algunos de los antecedentes de esas ideas pueden encontrarse en sus “Palabras a los intelectuales”, de 1961, en las cuales dejaba claro que: “Si a los revolucionarios nos preguntan qué es lo que más nos importa, nosotros diremos: el pueblo. Y siempre diremos: el pueblo. El pueblo en su sentido real, es decir, esa mayoría del pueblo que ha tenido que vivir en la explotación y en el olvido más cruel. Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del pueblo”. Y proseguía: “(…) la Revolución tiene que tener una política para esa parte del pueblo, la Revolución tiene que tener una actitud para esa parte de los intelectuales y de los escritores. La Revolución tiene que comprender esa realidad, y por lo tanto debe actuar de manera que todo ese sector de los artistas y de los intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentren que dentro de la Revolución tienen un campo para trabajar y para crear; y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tiene oportunidad y tiene libertad para expresarse. Es decir, dentro de la Revolución”.
Cuando en marzo de 1959 se crea la imprenta Nacional de Cuba se consolidaba uno de los primeros pasos del posterior desarrollo cultural del país. A partir de 1962 y bajo la denominación de Editorial Nacional, permanecería bajo la dirección del reconocido escritor Alejo Carpentier. El primer texto publicado fue “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, una obra universal del español Miguel de Cervantes y Saavedra.
En ese mismo año había sido creado el Consejo Nacional de Cultura con el afán de ampliar la política cultural del pueblo. En ese período comienzan a fortalecerse Ballet Nacional de Cuba, la Biblioteca Nacional y la Academia de Artes Plásticas de San Alejandro, entre otras instituciones. Y con una visión más latinoamericana se fundan la Casa de las Américas y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Hacia 1962 se crea la Escuela Nacional de Arte (ENA), la cual a través del tiempo ha contribuido a la formación del talento del mayor archipiélago de Las Antillas. En 2000 se hicieron nuevas Escuelas de Instructores de Arte, en ese caso con una proyección más comunitaria. También se inaugura el programa de Universidad para Todos. En las décadas posteriores continuó el desarrollo del andar cultural cubano bajo las ideas de Fidel quien expresaría en la inauguración de la Escuela Experimental “José Martí”, en La Habana Vieja: “¡Nada detendrá ya la marcha incontenible del pueblo cubano hacia una cultura general integral y el lugar cimero en la educación y la cultura entre todos los pueblos del mundo!”, frase que hoy es más actual que nunca. |