Por Aymara Vigil

En el año 2009 comencé a estudiar Periodismo en la Universidad de La Habana. En aquel momento, el 2014 parecÃa tan lejano que solÃamos bromear sobre lo distante que aún estaba nuestra graduación y todo lo que podrÃa pasar en aquellos cinco largos años.
SabÃamos que una vez culmináramos nuestra vida universitaria, ya no serÃa lo mismo. A nosotros, que nos hemos pasado la vida estudiando desde que tenemos apenas cinco años, la escuela y la vida estudiantil se convirtió en parte indisoluble de nuestra alma. La pañoleta, los uniformes, los distintivos, las mochilas, las tareas, las libretas, los regaños de los profesores, y los tan temidos exámenes, aderezaban a la perfección cada jornada en la niñez y adolescencia.
Más adelante, el preuniversitario becado nos entremezcló la angustia de las distancias familiares, y a su vez, el placer de la independencia recién adquirida. A la conquista de amigos que se convertirÃan, para muchos, en los amigos de toda la vida, le sobrevino la convivencia, los autoestudios que no lo eran tanto, las noches de recreación, y de nuevo las aclaraciones oportunas, las clases magistrales, los repasos imprescindibles y el consejo sobre cómo encaminar nuestro futuro.
La Universidad fue otro mundo. Un universo encantador y complejo. Nos definió como personas, como seres humanos, como estudiantes y profesionales. Sin embargo, el tiempo se nos fue sin saberlo. Cinco años parecieron cinco minutos. Nos transcurrió entre las manos un lustro de intensas emociones, de profundos aprendizajes, de inigualables profesores, de entrañables amigos, pero también, de despedidas.
Y aun cuando siendo profesionales nos acercamos a las aulas para uno que otro estudio de postgrado, ya no será igual. Nos despedimos de aquella vida de aulas, pizarras, profesores y tareas. De compañeros de estudio, de inquietudes, de seminarios y exámenes.
Hoy, solo nos queda el recuerdo, la añoranza, las nostalgias, la alegrÃa, y el poder desearnos una gran felicitación, a nosotros, los estudiantes del pasado.
Es cierto que cuando salimos de las universidades somos otras personas, pero no hay nada más emocionante que compartir con amigos de la etapa estudiantil, recordar chistes y momentos inolvidables. Los estudiantes del pasado también sentimos este dÃa como nuestro. Gracias por esta crónica!!!
Bella crónica Aymara, yo tambien me siento asi y asà recuerdo ya, mis un poco más lejanos años de estudio, de exámenes, de clases prácticas, de encuentros, seminarios, clases mixtas y hasta algún que otro encuentro comprobatorio. Que tiempo tan especial aquel.
Pensar en el dÃa del estudiante y en todos los buenos años que pasé como tal, sobre todo en la Lenin y en la UH me hace recordar siempre un fragmento de una canción de Buena Fe: quien pasó de verdad siempre está de regreso a esa estación de notas y de besos, por pretexto aprender más ni limpia, ni salva si no se siente como un estado del alma.
Y es que siempre, siempre se regresa, aunque sea desde la nostalgia a esa época estudiantil que tantos años vivimos.
Feliz dÃa del estudiante a todos los que como yo aún nos sentimos asÃ.