
Por Natalia Osorio
De niña siempre me dijeron que solamente debÃa recordar los momentos lindos que una vez vivÃ. Y es verdad, no lo dudo. Sin embargo, es tan difÃcil olvidar el dolor, las lágrimas y heridas presentes en el cuerpo y el alma. Heridas que a pesar del tiempo no cicatrizan, muy a pesar que ya hayan pasado 118 años de la Explosión del Maine; intencional, sabotaje-tal vez-accidente o negligencia, todavÃa nadie me lo ha explicado a ciencia cierta.
Lo que sà tengo plena seguridad es que el Gobierno de Estados Unidos utilizó el suceso como pretexto para declarar la guerra a España e inmiscuirse en la contienda que la isla de #Cuba libraba contra el régimen colonial. Y nosotros #TenemosMemoria . Ojo, no se trata de volver una y otra vez a tocar la llaga que nos duele, ni que llueva sobre lo mojado, sino que hay mucho dolor por el medio.
Y, a veces la manera de salvarnos de eso es repitiéndolo una y otra vez para que nadie lo olvide nunca. Razón por la cual es importante hablar de ello con los más jóvenes. Creo que de no hacerlo pensarán que es una historia pasada y perderá importancia. Tal vez pasada por el tiempo transcurrido ya.
Entonces me pregunto una y mil veces ¿Será posible olvidar? que perdieron la vida seres humanos inocentes. Recuerdo ahora las clases de biologÃa cuando mi profe me decÃa que las personas nacen, crecen, se desarrollan y mueren. En ningún momento me enseñaron que tenÃa que existir alguien para quitarle la vida a alguien a propósito o no.
Tanto dolor y sufrimiento es una cicatriz que, desgraciadamente, nunca sanará del todo. Podrán pasar cientos y miles de años y sin embargo ese dÃa, 15 de febrero de 1898, cuando estalló la Explosión del #Maine, será recordado por todos.