Por Jorge Gómez Barata
El más precoz de todos los lÃderes cubanos, nació el 28 de enero de 1853, en La Habana. A los diez años escribÃa correctamente y a los trece ingresó en la segunda enseñanza. Adolescente dirigÃa publicaciones estudiantiles. Con apenas 16 años se le condenó a seis de cárcel. Deportado a España, antes de cumplir 20 años escribió dos extraordinarios ensayos: «El Presidio PolÃtico en Cuba» y «La República Española ante la Revolución Cubana». En 1874, se doctoró en Derecho y en FilosofÃa y Letras.
Como uno de los periodistas mejor cotizados de su tiempo, trabajó durante largas temporadas para varios periódicos de Latinoamérica y los Estados Unidos. Con finÃsima sensibilidad, y envidiable dominio de la lengua, elaboraba los más románticos y atrevidos giros y lanzaba al viento las más encendidas arengas. Humanista de infinito amor por la vida y sus cosas bellas, no vaciló en predicar una guerra que concibió como necesaria, generosa y breve. Expresando en versos su apuesta por los pobres. Gabriela Mistral lo calificó como «el hombre más puro de la raza» y Rubén DarÃo lo llamo Maestro…….
Martà fue el primero en incorporar la estética al discurso polÃtico, describiendo las monstruosidades de la esclavitud con una belleza que reforzaba la repulsa. Denunció el colonialismo español sin ofender a España y describió las malezas de la sociedad norteamericana, sin deponer su admiración por las realizaciones de sus sabios y de su pueblo.
Exiliado por más veinte años viajó incasablemente: España, Francia, México, Guatemala, Honduras, Estados Unidos, Venezuela, HaitÃ, República Dominicana, Jamaica, Costa Rica y Panamá lo acogieron. Estados Unidos lo puso en contacto con el capitalismo industrial, asà como México y Guatemala con los pueblos indÃgenas. La opulencia de América y la pobreza del indio, lo admiraron, conmovieron e indignaron. Radicalizó su pensamiento, sin renunciar a la ternura ni incubar odios.
El hombre que nació para poeta y para maestro y al que la vida convirtió en polÃtico y en soldado, dio a la guerra de liberación y al nacionalismo, el humanismo que necesitaba y concibió una republica que estarÃa más allá de las clases, de los partidos y de sus conflictos. La máxima: «Con todos y para el bien de todos» es una profesión de fe.

Lo tardÃo de la independencia cubana, permitió a Martà aprovechar la experiencia latinoamericana. Para evadir los riesgos del caudillismo, puso la revolución en manos de un partido. Para él el gobierno en la república debÃa establecerse sobre bases éticas y conforme a derecho, procurando el equilibrio social. Su idea de la justicia era incompatible con la explotación de clases, con el racismo y con la desigualdad y nunca cedió un ápice en materia de soberanÃa nacional.
Entre las grandes preocupaciones sociales de MartÃ, se destacan la prominencia de la cultura, en su credo, «…único modo de ser libre» y la educación a la que calificaba como «…forma futura de los pueblos». En pocos temas ahondó tanto como en el de la mujer que, junto con la niñez, concitó sus reflexiones más profundas y bellas.
A pesar de su vasta cultura y sus casi infinitas dotes, en ningún campo brilló tanto ni fue tan grande su capacidad de intuir y prever, como intensa su angustia por lo que podÃa ocurrir, ni tan enérgica su advertencia como en la apreciación del significado que para América Latina y el mundo tendrÃan los Estados Unidos.
Fue el primero en advertir que Norteamérica, empujada por su vocación imperial, extenderÃa sus dominios por América y, sin dejarse tentar por las ventajas de uniones e integraciones, a simple vista gananciosas, advirtió que: «Los pueblos menores…, no pueden unirse sin peligro con los que buscan un remedio al exceso de productos de una población compacta y agresiva».
Comido por la impaciencia, Martà no se dio respiro en el cometido por aunar voluntades, allegar recursos y legitimar con nobles ideas y sólidos principios la causa de la independencia de Cuba.
El 25 de marzo de 1895, lanzó en Santo Domingo el memorable Manifiesto de Montecristi, el 11 de abril desembarcó en Cuba y el 19 de mayo de 1895, en magnÃfica ofrenda a sus ideas, cayó en combate.
Tomado de VoltaireNet.org